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April 4, 2016

Por qué abandoné a mi amiga “gay.”

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Conocí a Emma por primera vez en el trabajo, yo era gerente de una de las 4 grandes empresas de contabilidad que se trasladaba a San Antonio desde California, y ella era parte del personal de mis proyectos.

A los tres segundos de haber conocido a Emma—con su cabello largo, pantalones de corte recto y camisas de camisas de manga larga—supuse (de manera correcta) que era lesbiana.

Nos hicimos amigas en un instante. Ella me hacía reír todo el tiempo. Pero lo que más me gustaba de ella era su mentalidad milenaria, trabajaba duro pero de manera inteligente. Se rehusó a creer en la mentalidad de la empresa, en donde tenías que poner tu tiempo antes que tu voz importara. Despreciaba la idea que los empleados solamente debían ser vistos mas no escuchados.

Ella no entendía la razón de porque no queria ser amiga en Facebook de mis tus compañeros de trabajo, incluso de los gerentes, que estaban en un posición más alta. Ella pensaba que no tenía sentido trazar este tipo de líneas entre los trabajadores.

En resumen, ella me recordaba a mí, excepto por la parte de ser gay.

Lo que más me llamó la atención fue su autenticidad. Nada en ella era forzado. Uno podía darse cuenta—al menos ya en este punto—que para ella era más importante no ocultar ni una sola parte de su ser. Su total comodidad con ella misma no dejaba espacio para que otras personas se sintiesen incómodas.

La mayoría de sus mejores amigos del trabajo—incluyéndome a mí—éramos mormones, y ella cuidaba a sus hijos de manera regular.

Nos reíamos, nos quejábamos de los detestables compañeros de trabajo, me enviaba mensajes de texto con fotografías de sus gatos y yo le enviaba fotografías graciosas de mi hija. Veíamos vídeos musicales de Macklemore juntas, íbamos a almorzar seguido, solamente nosotras dos, y por breves momentos me preguntaba si los meseros pensaban que estábamos en una cita.

A un nivel global, nuestra compañía era muy diversa y comprensiva con sus empleados de la comunidad LGBT. A un nivel local, profundo en el corazón de Texas, había algunas áreas que necesitaban mejoras.

Emma hizo su propia marca y dejó su legado, pero solamente por ser ella misma no por algún otro plan oscuro. Ella inició la celebración local en la oficina del día nacional de salir del clóset. Ella solicitó la agencia de financiación y con su novia hornearon docenas de pasteles decorados con confites de arcoíris. Yo la ayudé a engrapar pequeñas bolsas con skittles a tarjetas que decían: “Yo soy una aliada.” Nuestros compañeros de trabajo que también eran aliados colocaron sus tarjetas en sus cubículos o ventanas de la oficina.

Se realizó con bastante éxito.

Poco antes de navidad, estábamos en una llamada de conferencia y uno de los socios de la compañía nos dijo que había recibido consolaciones de parte de los otros socios por tener que estar a cargo del comité de diversidad. Yo estaba horrorizada; no podía creer que alguien diría eso, pero lo que más me sorprendió es que las palabras hayan sido repetidas a los miembros del comité.

Yo me levanté para hacer una declaración. Prepare toda una escena, con la ayuda de la prometida de Emma y otro compañero, para la fiesta de navidad. Esperamos que el DJ pusiera una canción suave, y nuestro compañero (hombre) me sacó a bailar. La prometida de Emma la llevó a la pista a bailar. Con el propósito de mostrar que no todos en el área encargada tenían la misma mentalidad que la de los socios que mostraron sus consolaciones, saqué a bailar a Emma. Y bailamos.

Meses más tarde fuimos a un entrenamiento de trabajo en Ohio. En el tercer día Emma le estaba diciendo a alguien como habíamos pasado la noche anterior. Ella dijo, “Empezamos hablando en el lobby pero, luego fuimos a mi habitación, comimos palomitas, chismeamos y fuimos a la cama.”

Inmediatamente yo aclaré que yo regresé a mi habitación antes de ir a la cama.

Luego de darme cuenta que la única razón por la que había aclarado las cosas era porque ella era lesbiana, me sentí mal. Si hubiese sido cualquier otra compañera lo más probable es que yo me hubiese quedado callada.

Luego me disculpe con Emma, ella me vio confundida por un segundo y respondió, “Ya me olvidé eso. Puedo comprender porque por ser mi gerente, y también por ser una mujer, hayas sentido la necesidad de aclarar las cosas. Pero honestamente, ni siquiera puedo imaginarme como se vio la situación. No me considero como alguien gay, simplemente me considero como una más de las chicas.”

Eso fue todo. Desde ese momento me deshice de mi amiga gay, y la reemplacé por alguien más: mi amiga.

Desde ese entonces, fue una más de las chicas.

Vestí un atuendo completamente rosa que había comprado en Goodwill para su boda (a excepción de mis zapatos gator, esos eran verdes).

Sin sentirnos incómodos o sin ninguna declaración subyacente, bailamos el vals en su boda.

Bailamos porque ella es mi amiga y eso es lo que haces con tus amigos en su boda. Me deshice de la religión de mí juventud y la reemplacé con una iglesia más abierta. Una en donde me sintiera cómoda invitando a cualquiera de mis amigos.

El haber tenido una amiga gay por un corto período de tiempo no hizo que yo “quisiera ser” gay, pero si me mostró que puedo tener un sistema de apoyo bastante asombroso si yo lo era. Y eso cambió el modo en que veo el mundo—y a mis amistades—lo cambió para bien.

Ambas dejamos la empresa en donde nos conocimos y encontramos nuevos empleos.

Todavía almorzamos juntas seguido, y ya nunca me pregunto si los meseros piensan que estamos en una cita.

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Link del artículo oríginal:

Why I Ditched My “Gay” Friend.

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Autora del artículo: Kari Zahar

Traductora: María José Barillas García

Editoras: Renée Picard (Inglés) / Yoli Ramazzina (Español)

Foto: Pixabay

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Kari Zahar