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September 8, 2016

5 técnicas para sanar las heridas de nuestra madre.

Flickr/Marta Montañez

El perdón es algo tan fácil, cuando perdonamos a personas extrañas en el supermercado, a nuestros amigos, o a nuestra pareja.

Es fácil dejar ir el enojo o el dolor cuando las transgresiones de otros solamente están ocupando un espacio temporal en nuestras vidas.

Pero cuando se trata de nuestras madres, a veces las heridas son tan profundas que el perdón es elusivo.

No siempre podemos encontrar compasión por la persona que construyó nuestras vidas, de una forma y otra, de la forma más profunda.

Para nosotras que somos mujeres, los moretones que cargamos usualmente son el resultado de una batalla sangrienta que tuvimos en nuestra mente—causada por semillas de falta de mérito, vergüenza, culpa, y obligación, frecuentemente, plantadas por nuestras madres. Nuestra voz interna de sabiduría es intervenida por las duras críticas y opiniones que recibimos, muchas veces, de nuestras madres.

Las heridas maternas son algo complicado. Para sanar, hay algunas cosas con las que tenemos que ser honestos.

Queremos creer que nuestras madres son creaturas súper humanas y que el único trabajo que tienen es ofrecer un amor incondicional y apoyarnos en nuestras vidas. Queremos sentir un amor ilimitado para y de nuestras madres—queremos que sean nuestras mejores amigas y las mayores animadoras—aun así, muchas de nosotras hemos aprendido que el ser vulnerable a ellas puede ocasionarnos experiencias dolorosas.

Queremos que ellas sean las personas que nosotros necesitamos, y cuando no están, las culpamos por nuestras relaciones rotas, la falta de autoestima, o decisiones destructivas.

Queremos que nuestras madres llenan nuestras propias expectativas.

Falta una gran parte de la ecuación. Nuestras madres también son humanos, como nosotras. La mayor parte del tiempo, hacen lo mejor que pueden con las técnicas que ellas conocen.

Aunque, a veces, ellas estén lidiando con sus propios errores, hasta con sus propias heridas maternas, y simplemente no conocen las técnicas que necesitan. No son perfectas, por mucho que nos aferremos a ese estándar.

Cuando mis hijos eran jóvenes, estaba decidida a no cometer los mismos errores que había cometido mi madre. En muchas formas, no lo hice. Pero la verdad es que, cometí otros errores que mis hijos, seguramente, estarán decididos a no cometer con sus hijos.

Al día de hoy, lucho para perdonarme con algunas de mis decisiones. Mi crítica, la cual suena igual a mi madre en mi cabeza, todavía me dice que no soy lo suficientemente buena, no soy lo suficientemente delgada, y no soy diga de amar o de recibir cariño.

Aunque este es el punto crucial de la situación. Poder perdonarnos a nosotras mismas por nuestras fallas es poder encontrar el perdón para nuestras madres.

No tenemos que estar de acuerdo en todo lo que hayan dicho o hecho, pero si tenemos que, en algún punto, reconocer que hasta nuestras madres tienen cicatrices. Ellas, al igual que nosotras, funcionan alrededor de esas cicatrices.

Las cosas que nuestras madres nos proyectan son resultados de sus propias luchas. Las duras críticas, el sentimiento de incompetencia e indignación que se originaron cuando éramos unos niños, en realidad nunca fueron nuestras.

Sanas las heridas maternas lleva coraje. Tenemos que ser fuertes y honestas para poder reestructura nuestras historias y reclamar nuestro poder. Podemos hacerlo, y podemos empezar a sanar.

1. Aprende a separar las expectativas de la realidad.

Haz una lista, mental o en papel, de las todas las cosas que querías que fuera tu madre. Tal vez querías que ella te dijera que te amaba. Tal vez querías su aprobación. Todos tenemos una idea perfecta de lo que queríamos que fuera nuestra madre. Cuando hayas terminado, lee tu lista y piensa cuando tú, o alguien cercano haya fallado en esas expectativas. ¿Los perdonaste? ¿Te perdonaste a ti mismo? Como tú, y como otros a tu alrededor, tu madre también es humana y carga su propio equipaje.

2. Date cuenta de las cosas buenas.

Mientras haces listas, haz una lista de las cosas buenas que hayas aprendido de tu madre—haya sido de sus palabras o de sus acciones. Ella es parte de tu viaje, y eso tiene valor.

3. Deja de aferrarte a una disculpa.

Puedes soñar que algún día tu madre se dé cuenta de todos sus errores y ruegue por tu perdón. Deja ir ese sueño. No es realista esperar que ella admita sus fallas, y aferrarse a ese deseo es, en esencia, la necesidad de tener el control. No es saludable para ninguna de las dos.

4. Déjalo salir.

Cualesquiera que sean las historias—cualquiera que sea el dolor y enojo que tienes guardado—déjalos salir a la luz. Escríbelos. Háblalo con un amigo. Habla con un terapista. Solemos darle más importancia de la que tienen a las cosas que guardamos dentro. Cuando nos escuchamos decirlas, o leerlas, nos damos cuenta que no son tan importantes como lo pensamos. Aún si lo fueran, dejarlo salir puede ser purificante.

5. Aprende a perdonar y a amarte incondicionalmente.

No tendrás que esperarlo de tu madre si tú puedes hacerlo sola. Una vez lo hagas, empezarás a darte cuenta que puede ser que tu madre sea la que necesita el amor. Puede que sea tu madre la que más necesite sanar.

Sanar nuestras heridas maternas forma parte de romper un ciclo que va muy adentro de nuestras almas. Es un consistente legado que nos afecta de muchas más maneras de las que imaginamos. Tenemos el poder de sanarnos a nosotras mismas—de sanar generaciones de dolor causado por madres a hijas, e hijas a nietas.

Estas heridas han servido su propósito en nuestras vidas, convirtiéndonos en las personas que somos hoy y por como tratamos a las demás personas. A veces nos enseñan como caminar por la vida, y a veces nos enseña la persona que no queremos ser.

Las historias que nos contamos acerca de cómo y por qué sucedieron las cosas son solamente eso—historias. Podemos cerrar el libro de nuestras heridas maternas.

Tenemos la opción.

Aférrate únicamente a las partes que te sirven, y comienza a vivir un nuevo final a la historia que ya se fue hace mucho.

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Link del artículo oríginal:

5 Tools for Healing Our Mother Wounds.

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Autora del artículo: Amanda Christmann

Traductora: María José Barillas García

Foto: Flickr/Marta Montañez

Editoras: Toby Israel (Inglés) / Yoli Ramazzina (Español)

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Amanda Christmann

Amanda Christmann is a freelance writer and editor who loves good words, good wine and good times with friends and family. She travels the world as a human rights advocate and activist, particularly on issues that involve human trafficking and women’s empowerment. She is an avid cyclist and runs with scissors, whenever possible. In addition to elephant journal, her work has been featured by Women For One, Tattooed Buddha and ImagesAZ magazine, among other publications. Connect with Amanda via her Facebook page.