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June 1, 2017

Cinco pasos fáciles para empezar a ser eco-amigable.

Urge que todos pongamos nuestro granito si queremos tener un planeta Tierra menos contaminado.

Cuando era niña veía un programa de televisión mexicano llamado Odisea Burbujas en el que un grupo de animales botargas viajaban desde su laboratorio, al mando de el profesor A.G. Memelovsky, a distintos lugares y épocas con la intención de salvar al planeta de el villano Ecoloco, cuyo lema era “Mugre, Basura y Smog.”

Aunque recuerdo con cariño a los personajes de peluche entregados a la causa del medio ambiente, hoy veo con tristeza que, 30 años después, parece ser que el Ecoloco y sus secuaces lograron hacer de las suyas y contaminar el planeta al grado en el que hoy nos encontramos ante una grave crisis medio ambiental y México se ha convertido en un país que produce aproximadamente 37 millones de toneladas anuales de residuos sólidos.

Con esto en mente, también me acuerdo perfectamente del momento exacto en el que comencé a aborrecer los popotes de plástico, verano del 2012, estaba en las playas de Puerto Rico acostada en un camastro de mi hotel cuando comencé a notar que entre la arena habían una cantidad, que me pareció interminable, de popotes de plástico. La marea los había arrastrado hasta la orilla y recuerdo la tristeza y frustración que me dio ver tanta basura.

También recuerdo con dolor aquel video que se hizo viral en Internet, de una tortuga sufriendo mientras le extraían de la nariz un pedazo de popote.

El plástico no desaparece.

El plástico no es biodegradable.

De hecho, desde que se inventó, ningún producto de plástico ha desaparecido de la faz del planeta.

Sin embargo, a veces parece imposible evitarlo. Juguetes, empaques, contenedores, ropa, herramientas de trabajo, envolturas, utensilios; todo absolutamente todo parece estar o contener alguna cantidad de plástico en cualquier presentación.

Además estamos acostumbrados a ir por la vida con demasiados problemas en la cabeza como para detenernos y preguntarnos sobre si lo que estamos por consumir es o no perjudicial para el medio ambiente.

Es por esto que mi cambio hacia crear una conciencia ecológica ha sido paulatina, porque creo que ningún cambio radical dura y esto es demasiado importante como para no comprometerme con la causa, sobre todo ahora que sé los estragos que mi comportamiento y mis decisiones como consumidor y habitante del planeta, pueden provocar.

Poco a poco he incorporado a mi vida distintas prácticas sencillas con las que siento que contribuyo a cuidar de nuestro planeta y a todos los que habitan en ella.

Porque (creo) que al final todos queremos lo mismo, un mundo y un futuro mejor.

Estas son cinco de las prácticas más fáciles y económicas que he integrado a mi vida diaria; las disfruto y sinceramente creo que tienen un impacto real en el cuidado al medio ambiente.

1. Popotes.

Para empezar ¿Quién realmente necesita popotes? Puedes argumentar que lo necesitas para que tu lápiz labial no se corra o porque es la manera en la que disfrutas tu bebida favorita. Pero, a menos que sea por cuestión médica, realmente no necesitamos popotes.

Sin embargo es una costumbre bastante establecida por lo que ya existen opciones eco-amigables para solucionar el popote de plástico. Compra tu propio popote y llévalo a donde sea.

Hay popotes de cristal, de bamboo o de acero inoxidable. Trata de no comprar de plástico, porque aunque reusable, regresamos al problema original, el plástico no es biodegradable.

Yo tengo un set de popotes de bamboo, personalmente los utilizo por mi hijo de 2 años al que le encantan los popotes. El set que pedí vino con 10 popotes, pero cuando mi hijo empezó a tener dientes, mordió un par, fue cuando decidí que el popote de bamboo era lo nuestro, no quiero ni pensar que hubiera pasado con el de cristal.

Cuando vamos a comer fuera de casa, siempre soy muy clara en que “Traemos nuestros propios popotes, gracias.” Nunca nadie me ha cuestionado, de hecho, siempre me agradecen el gesto y por lo general no olvidan el no traernos popotes.

2. Utensilios.

Tanto mi esposo como yo cargamos a todos lados con un set de tenedor, cuchillo, cuchara y palillos chinos de madera, así evitamos a usar cubiertos desechables.

Ya sea en la nevería, en los tacos, food trucks o lo que sea que vayamos a comer, siempre tenemos con nosotros nuestros propios cubiertos que más tarde lavaremos en casa (o en algún baño público si los vamos a usar más tarde).

3. Taza para el café y botellas de agua.

Tomar agua durante el día es vital. Intenta cargar contigo tu botella de agua favorita, decórala, cuídala y personaliza tu botella para que una vez que le tengas cariño no la olvides en casa o en el estudio de yoga. Incluso puedes adquirir una botella con su propio filtro o con su bolsita tejida para llevar a todos lados.

Para el café, no importa café caliente o frío, intenta tener a la mano un par de tazas que siempre puedas cargar contigo. De preferencia de cerámica, de metal o de cristal (para café frío o frapuccino).

Mi papá tiene muchos años tomando su café diario en su lugar favorito. Cuando yo compré mis tazas, le compré a él también la suya, al principio no estaba muy convencido, no sabía qué le iban a decir los baristas que tantos años llevan sirviéndole su café en taza para llevar. Al final resulta que a los baristas les encantó el gesto lo promueven. Mi experiencia es que en cualquier lugar tu taza será apreciada y bienvenida, así que no tengas miedo de ser claro en decir “Traigo mi taza” y entrégala a quien está tomando tu orden antes de que preparen tu bebida en otro vaso desechable.

**Nota: aquí si puedo sugerir la posibilidad de tener una taza de plástico para el café caliente, sobre todo si estás con niños, para evitar accidentes. Yo ya llevo 3 tazas de cerámica. Solo procura que sean hechas de material reciclado y BPA-free.

4. Contenedores “para llevar.”

Cuando vas a comer fuera y pides “para llevar” casi siempre te traerán una cajita de plástico que seguramente tirarás a la basura tan pronto como llegues a casa. Evita esto.

Si tú o cualquier miembro de tu familia, no se acabaron la comida, procura llevar algún contenedor donde poner las sobras.

Yo llevo en mi bolsa contenedores hechos de silicón solución eco-amistosa y BPA-free no pesan porque se reducen como acordeón y aunque de silicón, los uso una y otra vez en lugar de tirar a la basura.

5. Productos de higiene femenina.

Si cada mujer tiene un promedio de 40 años fértiles durante los cuales cada 28 días menstruamos por cinco días; esto significa que, si utilizamos tampones o toallas desechables, estamos generando 260 toneladas de basura en protección menstrual durante esos 40 años. Sin mencionar el gasto económico y que muchos de estos productos están hechos con materiales tóxicos como el poliacrilato y la dioxina.

Es por eso que la comunidad femenina y consciente se ha puesto a trabajar arduamente en soluciones eco-amistosas, económicas y seguras.

¿Mis favoritas? La copa menstrual y los calzones menstruales.

La copa menstrual ya existe en muchas presentaciones, está hecha de silicón quirúrgico, es súper segura y una vez que aprendes a “ponértela,” es una maravilla, no se siente en lo absoluto y dura hasta 12 horas.

Los calzones está hechos de distintas capas de tela que son absorbentes, evitan que se creen concentraciones de humedad o bacterias y son aprueba de derrame o “gotera.” No huelen, no se sienten raros, son de hecho súper cómodos y lindos.

Mi forma favorita es utilizar ambos (copa y calzones) durante mis dos primeros días, que son los de flujo abundante, después solo utilizo los calzones.

Adiós a las toallas femeninas y a los tampones.

¡Soy libre!

Aquí están, mis cinco consejos básicos para empezar una vida más eco-consciente.

Es importante no presionarnos a ser perfectos, la vida pasa y a veces olvidamos nuestra taza o cubiertos, por eso creo que es importante el implementarlos poco a poco para crear un hábito y no dejar que el hecho de fallar de vez en cuando nos desmoralice por completo, hay que volver a intentarlo, ser constante.

También es importante compartir la información y educar. No solo ser claros con el barista o a quién nos toma la orden de comida al pedir, siempre amablemente, que no queremos contenedores de plástico o desechables; también hablar con nuestros amigos y familiares. Tomar la bandera con orgullo ya que estamos haciendo algo muy bueno por el planeta, por el futuro.

Somos el cambio.

Toma uno, dos, cinco o ningún consejo.

La información ya la tienes, ahora es tú decisión.

Pongamos nuestro granito de arena y salvemos playas, montañas, ríos, océanos…al planeta entero.

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Relephant:

 

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Autora: Montse Leon
Fotos: Screenshot; El resto son del autor.
Editora: Yoli Ramazzina

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Montse Leon

Montse Leon grew up in Tijuana, Mexico, so the immigrant situation has always concerned her mind and heart. She would love to see people asking for fewer walls instead of higher ones. She broke down her own wall when she fell in love with a gringo and started a family. Now she is the mother of a little wild child and when not dancing with him or hiking with her dog, she finds time to escape into yoga. She frequently visits family and friends in Mexico, enjoying long hours of togetherness over a bottle of mezcal or a hipster Tijuana version of the café de olla, depending on the time. She gets inspired by the pre-Columbian traditions in Mexico and by the work of writers and artists such as Laura Esquivel, Gabriel Garcia Marquez, Alice Rahon and Remedios Varo, all of whom have found the thin line that divides our world and the world where the Moon is inhabited by spirits and mermaids.

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