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January 6, 2016

“Él olía y se veía como un hogar”—Como salir adelante cuando una relación termina.

Flickr/lafleur

Sabíamos que estábamos destinados al olvido.

Desde el día en que nos conocimos hasta la última vez que nuestros ojos se encontraron sabíamos que no teníamos ninguna oportunidad. Aun así, a pesar de la obvia verdad gritando en nuestras narices, saltamos juntos—tomados de la mano, esperando lo mejor.

Él era distinto a mí.

Él era extremadamente inteligente, ateo, y realista hasta el extremo. Yo también soy inteligente, pero no de la manera en que él lo era. Yo creo en Dios y mi vaso siempre se encuentra lleno hasta la mitad. Algunos dicen que soy eternamente optimista, y están en lo correcto. Ahora, todos hemos escuchado el viejo dicho, “polos opuestos se atraen,” pero fue hasta que conocí a K, que supe que tan verdadero era eso. K era alto y delgado y yo, yo todavía soy bajita y regordeta. Pero ambos colisionamos como asteroides en el espacio, enviando billones de piezas de nosotros mismos hacia el universo.

Él era mi mejor amigo. Me enseñó cosas sobre política y vida inteligente fuera de la raza humana. Yo le enseñé lo que sabía acerca de Dios, y él me escuchaba aun si decidía no creer. Llegaba el domingo por la mañana y allí se encontraba él a mi lado en la misma iglesia, tomando mi mano.

Nunca supe que un amor como el de K pudiera existir. Nunca creí que alguien pudiese encontrar tantas cosas bellas en mí.

Parte de la emoción era el saber que nuestro perfecto imperfecto amor tuviese la posibilidad de un final desastroso. Peleábamos el uno con el otro, a regañadientes, y muchas otras cosas. Nos gritábamos y aventábamos puertas y yo siempre lloraba, pero nunca perdí la esperanza en que el estaría del otro lado listo para tomarme entre sus brazos cuando yo estuviese lista para terminar la pelea.

Pasaba los minutos, antes que él despertara los fines de semana, examinando su rostro perfecto, trazando las líneas de sus labios en mi memoria. Yo rozaba las yemas de mis dedos sobre la firmeza de sus brazos, recordando cada cuesta y cada curva de sus músculos, fotografiando mentalmente lo perfecto que lo veía. K siempre se despertaba, se daba la vuelta hacia mí, y se estiraba de la manera más habitual, luego ponía sus brazos alrededor mío y yo lo acariciaba, absorbiendo la dulzura de su piel con cada respiro.

Él olía a hogar. Él se veía como un hogar. Él sonaba como hogar.

Él se encontraba en donde yo quería estar luego de un largo día y como mi café de la mañana. Él caminaba hacia el parque y viajaba en coche hacía ningún lugar. Yo veía un por siempre en el brillo de su sonrisa.

Pero las cosas se rompen.

Las personas olvidan el camino por el que iban y se salen de curso. K encontró a alguien más y decidió ver la magia dentro de esas personas, en lugar de ver la magia dentro de mí. Se volvió distante y frío, ya no me acercaba a él firmemente.

En lugar de romper mi corazón de una vez por todas, siguió con su acto. Me mantuvo por un tiempo—hasta que yo me enteré. El castillo que había construido alrededor de nuestras vidas se tornó en arena y las olas de decisiones se la llevaron por completo hacia el mar. Los días de despertar junto a su tibia piel se acabaron, y me encontré despertando en la fría oscuridad que consumía toda mi felicidad.

Día tras día, iba al trabajo y regresaba a casa. Lloraba lágrimas amargas y gritaba con todas mis fuerzas una y otra vez hasta que me dolía la garganta al respirar. Compré su whiskey favorito e intenté ahogarme en él.

Descubrí dos cosas tras enfrentar el dolor de la traición: la primera, me gusta el sabor del whiskey, y la segunda, mi vida no estaba terminada.

Perdía la vida en la que había pasado tanto tiempo decorando y construyendo, arañando cada espacio de nuestra felicidad. Perdí al chico que había amado tanto como para casarme. Pero a través de todo eso, desperté para encontrarme todavía viva, todavía funcionando y lista para ser feliz de nuevo; así que me uní a un grupo de enseñanza y aprendí a coser. Empecé a aprender italiano y cree mi propia cuenta de Netflix. Vi cada uno de los episodios de “The Gilmore Girls” y lloré desconsoladamente en el último episodio.

Me rehusé a dejar de vivir.

Mi sofá no merecía verme más que las personas que estaban en mi vida animándome en todo el camino. Decidí ser feliz a pesar de lo que haya dicho el universo, porque aun cuando duele, merezco ser feliz.

K y yo ya no hablamos, pero estoy segura que él sabe que siempre lo amaré. Él era una gran parte de lo que yo era antes, y siempre llevaré conmigo un vago reflejo de eso. Eventualmente conoceré a alguien más y construiremos un castillo juntos, pero ya mi felicidad no dependerá de esa persona. No, nunca más pondré esa responsabilidad en las manos de alguien más.

Seguiré buscando, escarbando, y encontrando mi felicidad por mi cuenta, y cuando conozca a la persona que me recuerde porque se siente tan bien estar enamorada, ellos serán una extensión de mi felicidad no la única causa.

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Link del artículo oríginal:

“He Smelled like Home, He Looked like Home.”—How to Move on When Relationships Break.

 

Autora del artículo: Danielle Phifer

Traductora: María José Barillas García

Editoras: Catherine Monkman (Inglés)/Yoli Ramazzina (Español)

Foto: Flickr/lafleur

 

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Danielle Phifer