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March 1, 2017

No es una dieta, es vivir con consciencia.

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Me encantaría dejar de consumir productos animales.

Crecí en una cultura donde los taquitos, las enchiladas, los chilaquiles con pollo, los chiles rellenos y una lista infinita de delicias en las que la carne de uno u otro animal, forman parte del día a día culinario.

Han sido muchas las veces que he intentado parcial o completamente dejar de consumir carne o productos de origen animal.

No ha sido fácil.

Sobre todo cuando voy de visita a casa de mi abuelita en el Estado de México y me recibe con unos deliciosos pambazos rellenos de chorizo toluqueño que preparo con mucho amor. Ni mi corazón ni mi estómago logran decir que no y los meses que llevo sin consumir productos animales se ven interrumpidos y termino sintiendo un remordimiento y una cruda moral de pensar que he tirado mi esfuerzo por la borda.

Es horrible.

No solo siento que estoy traicionando a los pobres animales que han pasado por el cuchillo, si no al planeta entero que se ve tan afectado por la industria de la producción de productos animales.

En un informe de la Organización de la Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, se habla de que el sector pecuario genera más gases de efecto invernadero: un 18 por ciento más de CO2 que el sector del transporte.

Entre todos los medios de transporte que te puedas imaginar (automóviles, trenes, aviones, barcos, etc.) son responsables por un 15 por ciento del efecto invernadero, mientras que el sector ganadero es responsable por 50 por ciento del mismo.

Entre los efectos secundarios de la industria ganadera están:

1. Deforestación.

“En los últimos 25 años se ha deforestado una superficie boscosa equivalente al territorio de India.

Particularmente en América Central y América del Sur, la expansión de los pastizales para la producción ganadera ha sido una de las causas de esta enorme destrucción.

[…] Se requiere poca inversión para comenzar a criar ganado en tierras baratas o abandonadas, donde ya crece la hierba. Y las ganancias pueden ser elevadas, al menos por un tiempo. Pasados apenas entre 5 y 10 años, el exceso de pastoreo y la pérdida de nutrientes convierten las tierras del bosque lluvioso, que antes eran un depósito de biodiversidad, en terrenos estériles.”

2. Contaminación del agua.

Solo el 2.53 por ciento del agua en todo el planeta es potable, de éstas, solo 1/3 es accesible para el ser humano (el resto se encuentra principalmente el glaciares) y de esta pequeña cantidad que tenemos accesible, el 70 por ciento es utilizado por la industria ganadera.

“Existe bastante discrepancia en las cifras exactas de agua que se requieren para efectos de producción cárnica. El profesor David Pimentel, del Departamento de Ecología de la U. de Cornell, ha calculado que para producir 1 kg.de patatas se necesitan 500 lt.de agua, 900 lt.para 1 kg.detrigo, 3.500 lt.para 1 kg.de carne de pollo (comestible) y 100.000 lt.para 1 kg.de carne vacuna. Una estimación más conservadora hacen Beckett y Oltjen del Dpto.de Ciencias Animales de la U. de California: para producir 1 kg.de trigo se requieren 120 lt.de agua, y para 1 kg.de carne vacuna, 3.700 lt.de agua. Es interesante mirar un poco más de cerca estas cifras: sea en la estimación más radical como la más conservadora, la producción de carne vacuna representa un gasto escandaloso de agua comparada con la producción de vegetales o cereales.

Producir 1 kg.de carne requiere 2.800 kcal y 174 g. de proteínas. Producir 1 kg.de trigo requiere 3.300 kcal y 110 g. de proteínas (de los cuales 100 son para el ajuste de digestibilidad para humanos). De acuerdo a Beckett y Oltjen, 1 kg.de carne vacuna requiere 3.700 lt.de agua y 1kg.de trigo requiere 120 lt. Si miramos en perspectiva estas cifras, vemos que mientras la producción de trigo nos da un promedio 27.5 kcal por cada litro de agua usada, la carne vacuna provee de sólo 0.76 kcal por litro. Esto significa que –basándonos en los datos más conservadores—producir carne vacuna requiere 36 veces más agua por caloría que el trigo. Cuando hacemos el mismo cálculo para la proteína digestible, el trigo es 18 veces más eficiente en el uso de agua que la carne vacuna.”

3. Pérdida de la biodiversidad.

¿Qué había en esas tierras antes de convertirse en pastizales gigantescos que no son capaces de mantener vivas a muchas especies?

Los bosques forestales se están muriendo debido a la tala de árboles y la deforestación, y con ellos se calcula que entre el 2 y el 5 por ciento de las 13 millones de especies que las habitan están en peligro de extinción.

Es increíble que con toda esta información al alcance de una búsqueda en Google, sigamos consumiendo una cantidad exagerada de productos animales.

No logramos despertar al hecho de que existe un efecto invernadero; que el medio ambiente se colapsa frente a nuestras narices y que somos los principales, por no decir únicos, responsables.

En una sociedad donde muchos incluso practicamos yoga y meditación porque está de moda. Decimos que buscamos construir un mundo mejor, que somos mindful, pero seguimos no solo no somos concientes de lo que recibe nuestro cuerpo como alimente, sino cultivamos la cultura de consumir marcas de ropa que no solo contaminan, sino que tienen éticas laborales prácticamente nulas.

No logramos encontrar un equilibrio en nuestro estilo de vida.

Nos olvidamos de principios básicos como Ahimsa, la no violencia, la virtud cardinal en el Budismo que nos invita a ser compasivos a no lastimar al otro (persona, animal, planta o planeta).

Lo mismo va para los cristianos, musulmanes y miembros de cualquier otra religión fundad en el amor y el respeto.

¿Qué podemos hacer?

Cierto que convertirnos todos al veganismo o incluso al vegetarianismo de la noche a la mañana, no solo es un sueño guajiro probablemente seguido por un colapso económico mundial debido a lo mucho que esta industria se ha arraigado como pilar de la sociedad, pero existe un camino medio y moderado en el que los que queremos lograr un cambio lo podemos hacer de manera paulatina, gradual y saludable, de manera que, tal vez, las generaciones del futuro no solo lleguen a dejar de consumir a otras especies con las que cohabitan la Tierra y sino que cultiven una cultura realmente consciente y eco-sustentable.

Cosechemos las semillas que cuidarán de un planeta más verde y lleno de vida.

Reforzar la educación es la principal solución. Compartir información que ayude a otros a realizar estos pequeños cambios en nuestro estilo de vida, pequeños cambios que tendrán un gran impacto en el futuro.

El movimiento mundial de Los Lunes Sin Carne, hace un llamado a que solo los lunes dejemos de consumir productos animales. Un día a la semana hace una gran diferencia en el planeta. La reducción de gases de efecto invernadero por un día sin carne le da un descanso a los pulmones de nuestra querida madre Tierra. No quesos, no cremas, no leche y no carne, de cualquier tipo, solo por un día no es difícil.

No es dieta ni cuaresma, es un estilo de vida.

Investigar de dónde vienen los productos que consumimos.

Esto va para todo, productos animales y agrícolas. Todas las compañías tienen parámetros éticos que no son difíciles de investigar.

Lo más importante es ser conciente de lo que estás consumiendo. No toda la carne se produce igual, no todo el pescado viaja casi alrededor del mundo, gastando combustible y recursos, para llegar al súper mercado más cercano.

Mis mejores consejos:

1. Edúcate al respecto y comparte la información.
2. Consume local.
3. Consume orgánico.
4. Consume productos que sean libres de maltrato.
5. No desperdicies.

Es nuestra responsabilidad trabajar juntos para que nuestro planeta siga latiendo, siga verde y diverso.

No somos maquinas automáticas de destrucción, seamos parte de una revolución más allá de la moda espiritual, seamos activistas de nuestro planeta, cultivemos la compasión y el amor con la práctica.

No tienes que renunciar por completo a los tacos de adobada, al mole poblano o a tu sushi favorito. Simplemente infórmate y busca un equilibrio.

Todo en esta vida se trata de encontrar un equilibrio.

 

~

Autora: Montse Leon

Foto: Instagram/montse_lk

Editora: Yoli Ramazzina

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Montse Leon

Montse Leon grew up in Tijuana, Mexico, so the immigrant situation has always concerned her mind and heart. She would love to see people asking for fewer walls instead of higher ones. She broke down her own wall when she fell in love with a gringo and started a family. Now she is the mother of a little wild child and when not dancing with him or hiking with her dog, she finds time to escape into yoga. She frequently visits family and friends in Mexico, enjoying long hours of togetherness over a bottle of mezcal or a hipster Tijuana version of the café de olla, depending on the time. She gets inspired by the pre-Columbian traditions in Mexico and by the work of writers and artists such as Laura Esquivel, Gabriel Garcia Marquez, Alice Rahon and Remedios Varo, all of whom have found the thin line that divides our world and the world where the Moon is inhabited by spirits and mermaids.

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